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Ṣumūd: la resistencia de un pueblo que no se va

19 de Febrero de 2026

Hay pueblos que resisten empuñando las armas. Otros resisten levantando banderas. El pueblo palestino, desde hace más de siete décadas, resiste sobre todo de una forma mucho más incómoda para el poder: quedándose. A esa forma de resistencia cotidiana, obstinada y profundamente política la llaman ṣumūd.

Ṣumūd es una palabra árabe que suele traducirse como firmeza, perseverancia o resistencia. Pero ninguna traducción hace justicia del todo a su significado real. Ṣumūd no es solo aguantar; es seguir viviendo bajo condiciones diseñadas para que no vivas. Es permanecer cuando todo empuja al exilio, es reconstruir cuando todo ha sido destruido, es afirmar la propia existencia frente a un sistema que la niega de forma sistemática.

Desde la Nakba de 1948 —la expulsión forzada de más de 700.000 palestinos de sus hogares—, la historia de Palestina es la historia de un pueblo sometido a una violencia estructural y prolongada. No se trata de una tragedia puntual ni de un conflicto cíclico, sino de un proceso histórico sostenido: ocupación militar, colonización, apartheid, confiscación de tierras, expulsiones, detenciones arbitrarias, asedios y bombardeos periódicos. Un régimen que no busca solo controlar un territorio, sino hacer inviable la vida de quienes lo habitan. Frente a todo ello, ṣumūd ha sido la respuesta colectiva: no desaparecer.

Durante décadas, el relato dominante ha intentado reducir la resistencia palestina a la caricatura de la violencia. Se habla de “conflicto”, de “choque entre dos partes”, de “espirales de odio”, como si existiera una simetría inexistente entre ocupante y ocupado. Ese lenguaje no es inocente: sirve para diluir responsabilidades y normalizar la injusticia. Pero esa narrativa oculta deliberadamente lo esencial: que la mayor forma de resistencia palestina ha sido, y sigue siendo, la vida cotidiana bajo ocupación. Cuando existir se convierte en un desafío permanente, la propia vida pasa a ser un acto político.

Ṣumūd no es una consigna académica ni un término de moda importado a la distancia. Es la decisión concreta de una familia de permanecer en su casa pese a las órdenes de demolición. Es el campesino que vuelve a plantar un olivo arrancado por los colonos. Es la mujer que cruza varios checkpoints cada día para poder trabajar. Es el estudiante que continúa yendo a clase bajo amenaza constante. Es la infancia que juega entre ruinas porque no conoce otro paisaje. Es Gaza sobreviviendo al asedio más prolongado y brutal del siglo XXI.

Y aquí aparece una responsabilidad que Europa no puede seguir eludiendo. La Unión Europea, que se presenta a sí misma como garante de los derechos humanos, la legalidad internacional y la libertad de los pueblos, ha sido incapaz —o no ha querido— defender esos principios cuando se trata de Palestina. Mientras el pueblo palestino practica el ṣumūd, Europa practica la ambigüedad, la equidistancia y el silencio cómplice. Resoluciones que no se cumplen, condenas sin consecuencias, acuerdos comerciales que siguen vigentes y llamados a la “contención” dirigidos siempre al pueblo ocupado y nunca al ocupante. Una vergüenza política y moral para un continente que dice haber aprendido de su propia historia.

En el momento actual, marcado por la devastación de Gaza y el castigo colectivo a millones de personas, ṣumūd adquiere un significado aún más brutal. Resistir ya no es solo vivir bajo ocupación; es seguir respirando bajo las bombas, seguir enterrando a los muertos y cuidando a los vivos, seguir existiendo mientras se normaliza lo inaceptable y se justifica lo injustificable en nombre de la “seguridad”.

Palestina no resiste por romanticismo ni por épica. Resiste porque no le han dejado otra opción. Y mientras haya ṣumūd, mientras un solo palestino se niegue a irse, a rendirse o a desaparecer, la historia seguirá desmintiendo a quienes creyeron que la fuerza, la ocupación y el silencio podían borrar a un pueblo.

Porque el ṣumūd no es solo resistencia: es memoria, es dignidad y es futuro.

Por eso Palestina vencerá.

Categorías: Palestina

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